A veces me gusta ser monótona.
Me encanta salirme de lo normal, de mi ciclo continuo de rutina, de la insulsa Cáceres y de su gente. Pero, en el momento en el que lo hago, es decir, cuando me desvío un poquito hacia la autovía, echo de menos esa carretera con baches y sin terminar.
¡Vaya metáfora! ¿verdad?
Ese misterio me atrae. Cuanto menos, más. Y desde luego, cuanto más complicado se me hace el camino, más me gusta.
Me da igual el exterior, y me siguen dando igual las personas, y es que hoy no me he levantado muy cristiana, y tampoco creo en la palabra del hombre. Sólo existo yo y mi camino. Sólo por hoy.
Esta retaíla de palabras sin sentido, tienen sentido. En mi cabeza cobran significado. Siempre me gustó la exclusividad, y ¿qué menos exclusivo que unos pensamientos privados?
Quizá todo lo que plasme aquí no tenga coherencia para nadie, sólo para mi. Me gusta creerlo.
Entonces, de acuerdo. Esto seguirá siendo un secreto.
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