martes, 21 de agosto de 2012

...

Todos los días quedábamos después de comer para charlar en nuestro banco. Antes de mis clases de guitarra y después, antes de cenar y después, nos veíamos una media de dos o tres veces al día, sin contar con las veces que hablábamos por sms, llamadas, correos, tuenti...
La dinámica de los días malos empezó cuando me contaste aquello. Me crujió por dentro. Lo noté e incluso pude oirlo. Sé que tu también. A partir de ahí siempre me has consolado tú. Abrazos, besos, palabras e incluso tonterías. Hicimos del problema un chiste y yo me lo creí. Creí que sólo era eso, así que lo dejé pasar.
Sólo me ponía triste por una razón y esa razón eras tú, así que inmediatamente acudía a ti y me consolabas una y otra vez. 
Hemos estado así dos años.

El día que me llamaste tú. El día que tuve que consolarte yo a ti, conocí de verdad lo que era el miedo.

jueves, 16 de agosto de 2012

Encore.

Abrázame fuerte, abrázame hasta el límite.
Ven, mi angel, a redibujar mi cielo.
Yo crucificare tu cuerpo y, ¿podré arrancarte tus alas?
Abrazarte y morderte al mismo tiempo, y clavar mis uñas en tu espalda , y suplicarte para que vuelvas a hacerlo de nuevo. Todo. Todo para no verte partir, y ¡ven!
Ven y llévame más allá, dame la mano que yo no pude darte y saca mis alas, llévame. Unámonos y entrelacémonos.  Abrázame tan fuerte hasta que me cortes la respiración.
Asfíxiame.

Amo tus lágrimas cuando amas, la sangre, la sonrisa. Me encanta cuando mi herida está viva, así no le hago mucho caso a nuestras tragedias, a nuestros adioses. 
De tanto torcernos, terminaremos por mordernos. ¿De qué sirve reconstruirse cuando se es adepto a lo peor? A pesar de nosotros, ¿de qué sirve sentirse más grande? Sólo somos dos granos de locura en el viento, dos almas, dos niños.

Abrázame fuerte, hasta el límite. Ven, mi ángel, y vuelve a trazar mi cielo...