La dinámica de los días malos empezó cuando me contaste aquello. Me crujió por dentro. Lo noté e incluso pude oirlo. Sé que tu también. A partir de ahí siempre me has consolado tú. Abrazos, besos, palabras e incluso tonterías. Hicimos del problema un chiste y yo me lo creí. Creí que sólo era eso, así que lo dejé pasar.
Sólo me ponía triste por una razón y esa razón eras tú, así que inmediatamente acudía a ti y me consolabas una y otra vez.
Hemos estado así dos años.
El día que me llamaste tú. El día que tuve que consolarte yo a ti, conocí de verdad lo que era el miedo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario