miércoles, 12 de febrero de 2014

¿O sí?

Hagan un pequeño ejercicio conmigo. Escuchen esta canción y respiren hondo. 


Ahora, bien...

¿Conocen ustedes esa sensación plena que se siente, en el momento culmen de un ataque de risa? Sí, ya saben, cuando se quedan sin aliento y de repente cogen una bocanada de aire.

Supongo que es ahí donde todo empieza y donde todo acaba: En un ataque de risa exacerbado, interminable y agobiante.

¿Un ser humano sería capaz de dejar de ansiar lo que no tiene? ¿Podemos seguir tocando lo que ya no está? ¿Abrazarlo o besarlo? ¿Mirar fijamente esos familiares ojos cansados?

Es, entonces, cuando temes la rutina. Cuando tu cuerpo mortal se acostumbra a un día a día antinatural. Te vistes de blanco en una habitación tranquila y brillante, donde todo está muerto, menos el olor que te deshace la nariz: Lejía, desinfectante y anestesia. Un cóctel hecho a traición para extraños como tú. Pero, el olor ya es rutina, el blanco ya es rutina, las esperas, la incompetencia, la ansiedad. Una rutina antinatural. Una realidad artificiosamente falsa. Mi rutina.

Pero un rincón en la azotea nos salva. Nos separa de la fobia con la que tenemos que convivir. Esa azotea rompe nuestra piel de papel, que ha ido creando nuestra jaula de amoniaco. A veces, ayudamos a mudar esa piel desquebrajada, nos quitamos esa tela blanca y nos convertimos en hojas, hierba y aire. Viajamos. Sólo somos cuerpos levitando en luz.

Comienzo a adorar mi rutina, porque sé que después vendrá mi descanso clandestino. Durante días, meses y años, encontrábamos paz donde no la había, degustábamos el viento en plenas tormentas, y saboreamos las amargas tardes inventando historias con gente que no conocíamos. Vimos e, incluso, pudimos tocar la victoria final. La rozamos. La teníamos.

Nos equivocamos.

Desde aquel error tan ingenuo y tan nuestro, mi rutina se tornó. No más ropa blanca, ni habitaciones brillantes que apestaban a pudor, no más caras sonrientes desconocidas, no más esperas, no más ideas abstractas de un final positivo, no más nada. No más azoteas.

Ya no íbamos a ser nunca más hojas, ni hierba, ni mucho menos aire. Ya no íbamos a viajar jamás. 




-Hérisson-

miércoles, 4 de septiembre de 2013

"Sólo necesito un trozo de cuerda"

Sangre negra, de esta herida, brota, no puedo dejar de pensar que te dejé marchar. Nunca había estado un alma tan rota. Desde que tú no estás, no quiere recordar.
Se pasó una vida entera y yo sólo guardo el recuerdo de unas pocas horas.
Era primavera, el Sol salió ese día por ponerse a tu vera. Y el olor de un día de enero, estribadito en tu agujero sigue en mi cabeza.
Y un verano juntos de la mano.
Ya todo el año me hace daño y me vuelo a llevar patadas con la primavera. Junto a las hojas que el otoño vino a derribar, otra vez, me dejé llevar.
Deja que te diga la razón, si tu imaginación no encuentra una sola respuesta, tú deja que te clave un arpón justo en el corazón, así, igual, te contesta.

Sin nada mejor, que andar por dentro hurgándome, sin nada mejor que hacer, tostándome al sol; hurgando en el recuerdo y hoy no lo entiendo mejor que ayer.
Estoy jodido, perdí la conciencia y ahora ando siempre sumergido en montones de mierda.

Dices que te hago daño, ¿no ves que te extraño a mi manera? Me pediste que nunca mintiera, que dijera la verdad aunque duela, ¿Por qué me miras de esa manera? Después te fuiste y adiós muy buenas.
Hoy noto que no, que no me da la gana. Yo la vida doy por saber si un mundo mejor está esperádome mañana. Un mundo mejor que ayer.
Anda y cuéntale a tu "diosecito" que aquí huele a mierda. E igual que dijo Judas: "Sólo necesito un trozo de cuerda."

domingo, 30 de junio de 2013

Tu verdad nunca me hizo libre.

Estoy delante de ti, aquí sentada, con el ceño fruncido, disfrazada con una sonrisa. Y aunque parecía que no lo sabías, lo tenía todo menos lo que realmente quería, porque la esperanza para mi es un territorio desconocido y descuidado.
Ahora tú harás tu propio camino y aunque me he resistido a ti, ya no puedes decirme qué sentir.

Tu verdad nunca me hizo libre, asique lo haré yo misma.

Abre tus ojos, como yo abrí los míos, es sólo el mundo real, ¿la ves? es una vida que nunca conocerás. Deja de mantenerte en movimiento para expulsar el dolor. No puedes ignorar esto.

Ahora me sonrío y pienso que pareces estar como yo estuve, y me resistes exactamente así. No puedes obligarme a curarme.

Ahora deja de tener tanto cuidado cuando todo lo que te está esperando, no se acercará a ti. Esta vez no.


sábado, 8 de junio de 2013

.

Tu barba arañará la piel de otras mujeres.

Ya no puedo coserme. Ha sido todo tan raro, sucedió todo tan fuerte...

Ahora da la sensación de que todo está en mis venas, circulando en mi interior, retorciendo mis arterias.
Se equilibra la balanza. En un lado todo el daño, todo lo bueno en el otro. Pero tú nunca en el centro, siempre haciendo algún destrozo.

Ley de la gravitación, y al caer me repongo, proyectándome hacia el cielo. Busco aire y sólo encuentro polvo.

domingo, 14 de abril de 2013

Pedirán perdón los que crean que merecen absolución

Hace tanto que perdí la calma, que encontré la rabia esperando....
No tenía ninguna prisa...Una orgía en el barro.
Bájame el pantalón, saca el hambre atroz y escúpeme en la pena. Tú me enseñaste una vez que el dolor es mejor si genera violencia.

Tú, que no tienes la culpa de ser como tú, que no rompiste un plato, querías jugar.
Quisiera reventarte bajo mis pies, quisiera volarte la tapa de los sesos, bañarme con tu sangre, beberme tus excesos. No dejaré que nadie te salve del infierno.
Pedirán perdón los que crean que merecen absolución.
Tus noches únicas van de la mano de mis noches turbias. No hay dignidad en tu forma de mirarme.

Quisiera poder ponerte encima de la mesa, quitarte el uniforme, abrirte bien las piernas... Las cartas boca arriba, mis manos en tu lengua...
Pedirás perdón pero nunca tendrás mi absolución.

miércoles, 30 de enero de 2013

.

Voy a divorciar a los hombres tristes de mi ciudad.
Voy a enamorarme diez veces por semana.